Código B – Edición 10
En tiempos donde todo es inmediato y se exige una respuesta al instante, uno aprende a valorar a la gente que se toma su tiempo y tiene la paciencia necesaria para concretar sus proyectos. Da la sensación de que, como sociedad, hemos perdido la noción de la importancia del tiempo, que irónicamente es lo único que no podemos manejar. Estamos bombardeados por la urgencia, por la idea de que toda acción debe generar un rédito inmediato o convertirse en una medalla para exhibir; no por un orgullo personal, sino para obtener la aceptación ajena.
Todo tiene que ser para ya. Se olvida que hay cosas que, hasta que no se terminan, no están finalizadas; pero en el transcurso de esas ansiedades, el trabajo silencioso se está realizando. Algo no está hecho hasta que finalmente se logra, a menos que sea abandonado. Los que somos meticulosos y confiamos en que un proyecto necesita respirar y tomarse su tiempo para madurar, lo sabemos bien.
Quizás esta edición número 10 de Código B sea el mejor ejemplo de esto. Nacida en 2021, pero concebida 21 años atrás en una idea de dos jóvenes amigos, vio plasmada su esencia arrancando con todo para intentar satisfacer las necesidades del otro. Pero la expectativa siempre choca con la realidad, y diez ediciones en poco más de cinco años puede parecer poco. Yo creo que no. Creo que le encontré la vuelta para transformarla en lo que es hoy sin perder su esencia: informar y entretener escapando de lo banal y lo superficial. Por eso mantenemos secciones como “Noticias del ayer”, rescatando viejas crónicas de sucesos de hace más de cien años, o incorporamos una playlist, curada a puro gusto personal.
En este andar a nuestro propio ritmo, también nos detenemos a mirar. Así nacen las “Postales urbanas”, esos momentos o imágenes que uno capta al caminar y que se le escapan a la gente cuando transita en piloto automático. Es una invitación a apreciar lo bello que existe en esos pequeños lugares comunes que suelen pasar desapercibidos. La belleza está en todos lados; solo hay que saber prestar atención y observarla.
Y como es abajo, es arriba. Abajo están las postales urbanas, y arriba el firmamento. Más allá de ese cielo está el espacio, ese misterio que el humano ha imaginado durante siglos; algo que casi escapa a la razón, pero que está ahí, existe, y del cual somos parte.
Esa misma constancia en el tiempo y esa conexión con lo extraordinario es lo que nos lleva a la tapa de esta edición. No es casualidad que en esta décima edición hayamos elegido a Messi, a sus 39 años, en aquel festejo del segundo gol contra Inglaterra. Es el símbolo perfecto de lo que hablaba al principio: alguien que sigue logrando lo que muchos creían imposible, demostrando lo que significa mantenerse vigente. Su realidad refuta la falta de paciencia. Durante años permaneció bajo el ojo crítico, exigiéndosele inmediatez, pero el tiempo, la paciencia y el trabajo terminaron dándole la razón. Hoy es indiscutible, aunque antes tuvo que soportar ser discutido.
Nosotros, a nuestra escala, también podemos ser discutidos por nuestros tiempos y nuestros procesos, pero apuntamos, en algún momento, a ser indiscutidos. Seguiremos con esa insistencia, con esa misma mentalidad. Elegimos dar un paso a la vez, porque dar dos o tres de golpe solo nos va a hacer tropezar. Y a quienes no creen en esta paciencia, y en los tiempos de los procesos, que entiendan que vamos a seguir así. Y así seguirá, hasta que choque China con África.





