Secretos bajo tierra: el antiguo cementerio de disidentes en Balvanera

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La única plaza de CABA que tiene cadáveres debajo de ella: dónde está y cuál es su tenebrosa historia

Antes de ser un espacio verde, la Plaza Primero de Mayo funcionó como el Cementerio Victoria para no católicos. Debido a que muchas familias no pudieron costear los traslados en 1892, miles de restos permanecen bajo el suelo actual, convirtiéndola en un rincón histórico cargado de mitos y hallazgos arqueológicos en la ciudad

Ser un no católico en el siglo XIX en Buenos Aires no era tan simple, llamados disidentes debían recibir un trato “diferente” al momento de morir.

En aquel entonces los disidentes no tenían lugar propio para sepulturas porque no podían ser enterrados en lugares consagrados como templos católicos.

El primer cementerio para ellos se ubicó en la calle Juncal, en el camposanto de la Iglesia del Socorro, en el barrio del Retiro. Allí también se conocieron Camila O’Gorman y el cura Ladislao Gutiérrez, un lugar que pertenecía a la Corporación del Socorro a manos de ingleses e incluso los primeros judíos de Buenos Aires fueron enterrados en el mencionado lugar que recibió el nombre de Cementerio de Disidentes.

Cómo se creó el cementerio de los no católicos
Jorge Alfonsín, autor de Cementerios de disidentes protestantes en la ciudad de Buenos Aires, explica que los primeros protestantes que murieron en Buenos Aires, eran enterrados de manera ilegal, en las barrancas del río, a la altura de Retiro. Quienes tenían mayor influencia, podían acceder a inhumaciones en los cementerios católicos.

Para 1820 la comunidad protestante le pidió al Gobernador Martín Rodríguez una solicitud para tener un lugar adecuado donde realizar sus entierros. Así, el 19 de marzo de 1821, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires autorizó a la llamada “Corporación del Cementerio Inglés” a adquirir un terreno lindero a la iglesia del Socorro (Juncal y Suipacha). Este primer cementerio “de disidentes”, llamado “Del Socorro” fue inaugurado en abril de 1821 con una capacidad de 178 sepulturas. Allí fue enterrada Elisa, la hija del Almirante Brown, de quien se dijo que se había suicidado al no poder soportar la muerte de su prometido. La esposa del irlandés, Elizabeth Chitty de Brown, también descansa en el lugar.

Así lucía el cementerio Foto: Instagram @diego.m.zigiotto

Pero años después, en 1829, los protestantes solicitaron al Gobierno una colaboración para ampliarlo. Si bien tuvieron el ok de las autoridades, la oposición de los vecinos pudo más y para 1833 este lugar vio colmada su capacidad, debiendo buscar otro lugar donde poder establecerse.

Ya con Juan Manuel de Rosas en el poder, este concedió el permiso para adquirir las tierras en la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), la actual Pasco, Potosí (hoy Alsina) y las casas linderas con la actual Pichincha. El 6 de noviembre de 1833 se habilitó el segundo cementerio “de disidentes”, al que se llamó “Victoria”.

Fue adquirido por la comunidad inglesa, que luego vendió una parte a la comunidad alemana y otra a la norteamericana. Más de un 50% del mismo (del lado de Pasco) correspondió entonces a los ingleses, en tanto que el resto fue ocupado por los alemanes (German Ground, sobre la actual Alsina) y por los norteamericanos (American Ground, sobre la actual Yrigoyen).

Ante el constante crecimiento de la población se debió tomar la decisión de trasladarlo. La última persona enterrada en dicha necrópolis fue Ada Maude Henderson, domiciliada en la calle Salta 1966, fallecida de meningitis y tuberculosis. Fue sepultada allí el 4 de noviembre de 1892, año en que se “mudó” a una sección del Cementerio de la Chacarita.

La plaza anteriormente era llamada Plaza de los Ingleses


De cementerio a espacio verde

En 1925, por ordenanza municipal, se le asignó oficialmente el nombre de Plaza 1º de Mayo y, tras algunos años de trabajos, se inauguró el 1 de mayo de 1928 con presencia del intendente Carlos M. Noel y el ministro del Interior Vicente Gallo.

Muchos familiares de los muertos, por falta de recursos, no autorizaron ni solventaron los traslados. Por ese motivo quedaron miles de cuerpos bajo la plaza.

En el acto también se presentó el imponente Monumento Al Trabajo, obra del escultor Ernesto Soto Avendaño, cuya figura representa a un hombre de edad madura cargando sobre su hombro una pesada masa, como símbolo del esfuerzo obrero.

Para 1951, se sumó otro monumento: el Mástil Monumento a la Patria, realizado por los ingenieros Bernardo y Germán Joselevich junto al escultor Israel Hoffman. Donada por la comunidad israelita de Buenos Aires como homenaje a la nación.

Hallazgos realizados en los meses de febrero y marzo de 2006 identificaron una gran cantidad de restos fúnebres presentes en el interior del suelo de la plaza.

Fuente: Por Yasmin Ali - Canal 26

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