La necesidad de enseñar filosofía
El autor reivindica la práctica filosófica como una herramienta esencial frente a la pasividad ante la tecnología. Más que una profesión, se propone como una disposición crítica para interpretar la información actual, fomentando ciudadanos curiosos que otorguen sentido a la realidad y eviten la obediencia ciega en la era digital

En 2005 la UNESCO instauró el tercer jueves del mes de noviembre de cada año como el Día Mundial de la Filosofía, con el fin de resaltar su importancia y de estimular el pensamiento crítico, la tolerancia y la paz, además de promover una mejor comprensión del mundo. Con el siguiente texto me uno a esta celebración invocando la necesidad de la enseñanza de la filosofía.
En el diálogo fundacional de la tradición filosófica titulado Apología, Sócrates relata que su amigo Querefonte consultó al oráculo de Delfos para saber si existía en Atenas alguien más sabio que él. La respuesta del oráculo fue negativa, considerando que Sócrates es el más sabio de Atenas. El oráculo de Delfos constituía una institución sagrada, reconocida como portadora de verdades sobre el destino tanto de los individuos como de las comunidades; lo que este proclamaba era recibido como revelación incuestionable. La reacción de Sócrates ante este anuncio es lo que caracteriza de manera ejemplar a la filosofía como disciplina. En lugar de aceptar de manera pasiva lo declarado por el oráculo, Sócrates se detiene, cuestiona y se enfrenta con perplejidad tanto a la respuesta como a la formulación misma de la pregunta. No cuestiona la autoridad del oráculo, pero tampoco se somete pasivamente, sino que emprende una búsqueda activa, una interpretación que intenta desentrañar el sentido profundo de las palabras recibidas. Esta actitud investigativa y crítica es precisamente la que da origen a la práctica filosófica y la que un docente de filosofía promueve con sus estudiantes o con cualquier interlocutor: la disposición a poner en consideración lo dicho, revisar su significado y reconstruir el sentido de las respuestas y de las preguntas que nos acompañan en la vida.
En el mundo contemporáneo, abundan las fuentes de información, que parecen funcionar como los antiguos oráculos, que resuelven interrogantes como si revelaran verdades y destinos. Google, Wikipedia y otros servicios web, responden preguntas provenientes de las más diversas disciplinas, saberes, técnicas y preocupaciones cotidianas. En la actualidad, las inteligencias artificiales generativas operan bajo un criterio similar, en tanto que proporcionan soluciones, aclaran dudas y realizan tareas de manera inmediata. Con frecuencia, la interacción con estas tecnologías se asume desde una postura pasiva y acrítica; seguimos sus indicaciones sin cuestionarlas o sin ofrecer la menor réplica. Sin embargo, esta actitud no es exclusiva del ámbito tecnológico. Se manifiesta también en nuestras relaciones con individuos considerados expertos en determinada materia o disciplina.
Frente a una situación como esta, la filosofía se hace necesaria, pues dichas respuestas requieren de actitudes activas, investigativas y críticas que amplíen, revisen y reconstruyan su sentido. Asimismo, se hace indispensable su enseñanza en los distintos niveles educativos, sin que ello implique que todos deban formarse profesionalmente como filósofos o filósofas. Incluir la filosofía en todas las etapas y disciplinas ofrece aquello que Sócrates encarnaba de manera ejemplar: una actitud preguntona, curiosa y orientada a la construcción de sentido. No se trata de oponerse, deslegitimar o contradecir porque sí las fuentes institucionales de información o las que son consideradas sagradas, sino de desarrollar la capacidad de interpretar, comprender y otorgar significado a lo que se nos presenta como respuesta.
La enseñanza de la filosofía apunta a activar esa actitud vital que nos permite revisar y reinventar el lugar donde vivimos, o donde queremos vivir. La filosofía es necesaria hoy como lo ha sido en todas las épocas, porque nos impulsa a vivir con sentido y creatividad, no en la obediencia ni en el silencio. Necesitamos más filosofía. Necesitamos esa actitud socrática de poner en duda, en consideración y en interrogación las preguntas y respuestas de los oráculos contemporáneos.
Fuente: Camilo Andrés López Leal - La Crónica Quindío
Seguí descubriendo…
Tapa / Edición VIII

